MI PROFESIÓN DE FE
EL DIOS EN EL QUE SÍ CREO
Creo en Dios Padre, Hijo y espíritu, comunión de amor, que se nos comunica en la relación, como verdad salvadora (a través de Jesucristo), atestiguada por la Palabra y continuad en la comunidad creyente.
Creo en Jesucristo, Hijo de Dios, mediador y plenitud de la revelación de Dios, encarnado en nuestra historia. Creo que con su vida, su palabra, sus obras, su relación con el Padre y sus preferencias por los más pobres, hizo irrumpir en nuestra tierra la novedad del Reino de Dios. Que con el misterio de su entrega, pasión y resurrección nos liberó de una existencia de pecado, aislada del Padre y de los hermanos. Creo que como Señor de cielos y tierra nos ha regalado nuestra identidad de hijos de Dios y hermanos de todos los hombres, y nos acogerá junto con toda criatura, cuando todo sea recapitulado en Él.
Creo en el Espíritu Santo, Espíritu de amor trinitario que nos habita, nos descubre el rostro de Jesús resucitado en nuestro mundo, y nos envía a continuar su misión. Creo que el Espíritu nos regala la gracia del encuentro sacramental en la comunidad de la Iglesia y que ilumina nuestra praxis cotidiana para hacernos cada vez más verdaderamente humanos, en un mundo más humano.
Creo en la Iglesia, signo de la unión y del encuentro de Dios con los hombres y mujeres. Creo que como Pueblo santo avanza entre las luces y las sombras de lo humano, viviendo comunitariamente el servicio de la comunión, de la salvación, del testimonio y del sacerdocio de Jesucristo. Creo que esta Iglesia santa y pecador es espacio teológico de la comunión con Dios, con los hermanos, con el mundo, por la gracia. Esta gracia que vivimos y celebramos sacramentalmente con signos y símbolos que realizan lo que significan: el misterio de la donación de Jesucristo que se prolonga en nuestra vida ordinaria.
Creo que en esta comunidad eclesial vivimos la comunión terrena y la comunión de los santos, con los hermanos que nos han dejado y viven ya resucitados, gozando del encuentro cara a cara con Jesucristo.
Creo que estamos llamados a vivir como testigos de la esperanza de una relación de encuentro que se construye desde el presente y no se destruye con la muerte, con el final de esta vida.
Espero junto con todos los creyentes la vida eterna, comunión plena con Dios y transformación plenificada de nuestro ser humana.
Creo que esta vida eterna de plenitud es desde el comienzo nuestra vocación y nuestra llamada “el ser semejantes a El porque lo veremos tal cual es” (1 Jn 3,2) y participaremos totalmente en el misterio de amor de Dios Uno y Trino. Amén.
(Fátima Gil)

Paloma dijo
Me encanta fatima , lo que dices de la vivencia de tu fe , de tu compromiso, de tu historia personal e intransferible de Dios, con Dios y para Dios.De vez en cuando es bueno leer algo o que alguien nos recuerde ese trasfondo de vida que esta ahi, pero que a menudo se nos oculta por las prisas, los compromisos, y todo lo que nos montamos. Gracias y Adelante
2 Octubre 2006 | 08:00 PM