SOBRE LA PARTICIPACIÓN EN LA IGLESIA
Así, de principio y sin más, creo que hoy hay poca participación en la iglesia.
Si echamos la mirada atrás, recordamos cómo a raíz del Vaticano II hubo un gran boom de participación, de deseos de saber. La iglesia de entonces fomentó la libertad, la pluralidad, el deseo al propio pensamiento... pasamos a un modelo dinámico de ser iglesia, donde el hombre y la mujer descubrimos un protagonismo de participación en el servicio, en la comunión de "Pueblo de Dios".

En estos momentos, las crisis actuales, los cambios culturales que se producen a ritmos acelerados hacen que Dios no sea el centro de nuestra vida, queda arrinconado, ponemos toda la confianza en nosotros mismos y nos olvidamos de lo esencial del mensaje de Jesús.
Por otro lado, la iglesia jerárquica, muchos sacerdotes, lejos de favorecer la línea del Vaticano II, se limitan a decidir por su cuenta sin dar espacio a las opiniones de las demás personas. Siento, como mujer comprometida que he sido siempre con mi parroquia, con mi iglesia, que nos dejan de lado, o que nos tratan como borregos o niños, contamos poco o nada a la hora de toma de decisiones.
En este apartado, os cuento que la búsqueda de poder, de prestigio, de protagonismo que hoy veo en mucha parte de mi iglesia, están cortando la libertad de las personas, las posibilidades que tenemos y hemos recibido de forma gratuita de Dios. Lo cual es totalmente negativo en el mundo que nos ha tocado vivir donde existe una gran pluralidad de ideas y modelos de convivencia.
Hagamos pues espacio a esta pluralidad, a la libertad, al respeto por lo diferente. Caminemos desde la movilidad del Espíritu que nos lleva a una búsqueda constante.
Participo en un grupo de análisis de la realidad, y me pregunto:¿por qué será que todos y todas, mujeres y hombres de una sencilla parroquia, coincidimos en la involución que hoy vivimos como iglesia y que no nos deja espacio para ser lo que queremos ser, para vivir a fondo una fe compartida de igual a igual?
(Isabel Crespo)


